miércoles, 1 de julio de 2009

ENTRE REJAS


Limitados todo el tiempo, impregnados de encierro, pasiones reprimidas, ira, angustia, soledad… así eran los interminables días del loco Juan y la Mía, los dos privados de libertad hace ya más de dos años. Se conocieron en la calle, fue amor a primera vista.

Su primer encuentro fue mágico, se encantaban, se desearon al segundo 20 de conocerse, tuvieron sexo, como dice la Mía, “hicieron el amor”. Luego de un tiempo ella noto cambios en su cuerpo, su pancita comenzó a crecer y crecer, ese apasionado encuentro quedo marcado por un bebe. Ellos estaban felices, decían que se amaban, se fueron a vivir juntos a la casa del Juan, se casaron al mes del nacimiento de su hijo, todos decían que estaban locos, pero a ellos solo les importaba vivir a su manera este amor tan intenso…

El loco Juan era ladrón, era de esos hombres que no conocía otra manera de hacer plata, el iba a todas, se dograba y salía a “trabajar”, sin importar el daño causado a sus victimas, sin medir consecuencias, lo hacia sin respeto, aunque siempre antes de hacerlo, le pedía a Dios que lo bendiga y que lo llevara sanito de vuelta a su casa…A la Mía no le importaba que lo hiciera, ella también robaba, así que se alentaban cada mañana para salir a “buscar plata”.

A trece días del parto ella cae detenida por homicidio, la condenaron a cinco años de encierro en la cárcel femenina de San Joaquín, mato a su vecina por creer que pasó una noche con el Juan.

Increíblemente, para ellos esto no fue un tragedia, estaban tan embobados con su amor, que solo lamentaron su separación; Seis semanas después, se vieron aun mas dispersos, ya que al loco Juan lo detienen por la misma causa, y es condenado a cinco años en la Penitenciaria de Santiago. Fue ahí cuando se les vino el mundo abajo, se volvieron agresivos, rebeldes, estaban descontrolados, ambas conductas eran castigadas continuamente por gendarmería, y no les importa cumplir castigos, solo querían verse, tocarse, besarse, mirarse cara a cara para poder entregarse el arsenal de cartas, escritas en hojas de cuadernos baratos, con sus audaces declaraciones de amor. Limitados todo el tiempo, impregnados de encierro, pasiones reprimidas, ira, angustia, soledad… así eran los interminables días del loco Juan y la Mía, los dos privados de libertad hace ya más de cuatro años. Se conocieron en la calle, fue amor a primera vista.

La Mía estaba presa con su hijo, lo cuidaba solo a ratos, sus compañeras se enojaban, hasta le pegaban para hacerla entender que no podía seguir descuidando a su bebe por la impotencia que sentía verse “entre rejas”, y no reaccionaba, siempre lloraba a gritos, se ponía como loca, las demás agarraban al bebe, lo abrazaban fuerte, para que no sintiera el rechazo de su mama y no faltaba quien enfrentara a la Mía con violencia, a veces eran mas de una, y tampoco le importaba…Sus brazos estaban irritados, a diario le sangraban, , sus heridas y cicatrices adornaban casi por completo su piel, incluso en las ropas de su hijo habían de estas huellas rojas, claramente la vida sin su Juan para ella no era vida.
No se como pero llego el día en que la Mía salio en libertad, es increíble, estaba viva! Ella anhelaba con ansias ver la calle, y asistir por primera vez a “la visita” del loco Juan, creía que al verlo su angustia mermaría y que al besarlo su piel se estremecería hasta borrar cada cicatriz de sus deteriorados ante brazos, según ella, solo ahí volvería a sonreír.

El primer miércoles en libertad, deja a su bebe con una amiga, y se alista para el reencuentro, llega a la penitenciaria, con los ojos brillantes, prolijamente vestida, oliendo a colonia frutal, y con sus labios humectados de color rosado, pasa largas horas esperando, y aun así se mantenía integra su imagen, cuando logra entrar al patio de visitas, mira desesperadamente en circulo, pasan varios minutos y nada, no había rastro su amado Juan, divisa una pelea, los gendarmes se imponían y los reos los enfrentaban, las familias corrían casi sin destino, los niños lloraban, las abuelas gritaban, los balines sonaban y justo cuando entra en pánico, mira hacia atrás y ve a su marido tirado en piso con un oxidado estoque atravesando su pecho, corre lo mas rápido que puede, llorando a gritos y totalmente desfigurada lo mira fijo, y el patio tiembla con su desgarrador Nooooo…! Se tira encima del cuerpo, arranca con furia el arma incrustada en el pecho del Juan y la invierte contra su pecho, a los pocos segundos la Mía también cae al piso, alcanza a estirar su mano y rozando la piel ensangrentada de su amor, se queda estática mirando en blanco…

4 comentarios:

Anónimo dijo...

me gustaria pasar como un preso hoy en dia solo para vivir esa hitoria de amor, que bella historia aunque triste. te saludo yo...

llamado de emergencia...

besos cuidate

Consuelo dijo...

kerido mio....no necesitas pasar por tan algo tan decadente para vivir "una" historia de amor....no es tan dificil lo que hay que hacer.....tu lo sabes...
tkm, gracias por estar ahi.

Unknown dijo...

Estimada Consue, has mejorado mucho la redacción. Da gusto leerte, aunque el tema es denso y uno queda con gusto amargo... quizas esa sea la intencionalidad con que escribes :D, en ese caso felicitaciones. Sigue escribiendo, un abrazo!!

Consuelo dijo...

gracias por tu comentario, y si, el obejetivo de esta nota era contar tal cual pasan las cosas, y mayormente los finales no son placenteros...
un fuerte abrazo.
gracias.

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